Desde la antigüedad se originó la necesidad de crear sustancias y productos
capaces de combatir y prevenir las plagas que afectaban los cultivos agrícolas.
En principio se utilizaban plaguicidas de origen orgánico, pero con el pasar
del tiempo científicos químicos crearon los llamados agroquímicos, que pueden
ser de origen biológico o químico. Del Puerto (2014) afirma que: “el uso
cotidiano de esos químicos contribuye a la crisis de la agricultura que
dificulta la preservación de los ecosistemas, los recursos naturales, y afecta
la salud de las comunidades rurales y de los consumidores urbanos”. (S.P).
Es así que lo que parecía ser una solución resulto ser un grave problema, Sagan
(1995) dice que:” la ciencia por sí misma no puede apoyar determinadas acciones
humanas, pero sin duda puede iluminar las posibles consecuencias de acciones
alternativas” (S.P). Estas acciones tomadas por el hombre trajeron consigo una
serie de consecuencias, que la ciencia misma podría solucionar utilizando
medidas ecológicas alternativas. Entre estos se encuentran los agroquímicos,
los cuales son definidos por la FAO (1990) como:
Cualquier sustancia o mezcla de sustancia
destinadas a prevenir, destruir o controlar cualquier plaga, incluyendo los
vectores de enfermedades humana o de los animales, las especies no deseadas de
plantas o animales que causan prejuicio o que intervienen de cualquier otra
forma en la producción, elaboración, almacenamiento, transporte o
comercialización de alimentos, productos agrícolas, madera y productos de
madera o alimentos. (P.7).
Respecto a esto podemos decir que los agroquímicos poseen un gran potencial
para la preservación medio ambiental y el auge de la economía pues poseen
características preventivas y controladoras que si son utilizadas adecuadamente
traerán consigo un equilibrio a los ecosistemas. La clasificación de los
agroquímicos puede resultar difícil debido a la gran cantidad de familias
químicas implicadas, una manera sencilla de clasificarlos es en función de las
plagas sobre las que se usan (insecticidas, fungicidas, moluquicidas,
rodenticidas y acaricidas); la otra en relación con la familia química de
origen: pueden ser pesticidas biológicos (seres vivos o productos eficaces para
combatir los organismos nocivos) y pesticidas químicos ( naturales, compuestos
inorgánicos y órgano-metálicos, órgano-fosforados, nitro fenólicos, piretroides
de síntesis, bipiridílicos, derivados
dicumarinicos).
La intoxicación por agroquímicos ha venido presentándose de manera más
frecuente en las poblaciones rurales siendo estas las más afectadas; pero
también existen casos en sitios urbanizados. Los investigadores se preguntan
cómo una mujer embarazada que
aparentemente no ha tenido contacto alguno con algún plaguicida, puede
presentar síntomas de envenenamiento e intoxicación. Esto se debe a que el ser
humano, tiene una cantidad que puede ser ingerida diariamente o a lo largo de
su vida; si estos límites de ingesta son quebrantados, en consecuencia, la
persona tendrá un cuadro de intoxicación, que en el peor de los casos puede
causar la muerte.
En torno a esta situación se han generados diferentes alternativas, como
practicas ecológicas en el manejo del suelo y plantas utilizando abono
orgánico, rotando los cultivos, evitando regar en exceso, entre otras. Rengel
(2011) afirma que:” la selección de las variedades y especies adecuadas como
las autóctonas, mejor adaptadas a las plagas y enfermedades locales también
resultaría útil” (S.P). Se propone el uso de productos y sistemas naturales,
como los que fueron utilizados en el pasado (antes de la llegada de productos
químicos) retomando la utilización de fórmulas orgánicas naturales y, así,
conseguir extractos vegetales que actúan como insecticidas ecológicos, capaces de
controlar y eliminar determinadas plagas.
El uso de estas
alternativas traería consigo beneficios ecológicos: en la agricultura, obtendríamos
un equilibrio ecológico, el aprovechamiento de los recursos naturales y el
aumento de la fertilidad del suelo usando productos biodegradables de mínima
toxicidad. Según Rengel (2011) estos productos: “tienen la particularidad de descomponerse
rápidamente después de una vez de ser aplicados y ser puntualmente específicos
en aquella plaga o microorganismo que se busca controlar o eliminar” (s.p), lo
que genera una menor degradación en el ambiente y, por tanto, una mejora en la
salud publica así como estabilidad en los ecosistemas.
En conclusión, los agroquímicos
son productos de origen químico y biológico que causan intoxicación en las
personas. Cada persona tiene un límite de ingesta que si se sobrepasa traería consigo
consecuencias desfavorables. Sin embargo, esta problemática puede ser
solucionada mediante alternativas ecológicas que al ser aplicadas de manera
efectiva darían como resultado una serie de beneficios tanto ambientales como
sociales. Por tanto, debemos incentivar a la población en general a preservar
el ambiente utilizando productos de mínima toxicidad.
Más información, en el siguiente vídeo: Buenas prácticas en el uso de agroquímicos
Bibliografía
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Del Puerto
Rodríguez, A (2014). Efectos de los plaguicidas sobre el medio ambiente. El Instituto
Nacional de Higiene, Epidemiologia y Microbiología (INHEM) Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1561-30032014000300010&lang=pt
ü
Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y La Alimentación (2006). Código Internacional
de conducta para la distribución y utilización de plaguicidas. Disponible en: http://www.fao.org/3/a-a0220s.pdf
ü
Rengel,
S (2011). Alternativas ecológicas para evitar el uso de plaguicidas. Disponible
en: http://plaguicidas-y-alternativas.org/noticias/2011-10-17-alternativas-ecol%C3%B3gicas-para-evitar-el-uso-de-plaguicidas
ü
Sagan,
C (1995). El mundo y sus demonios. España: Editorial Planeta


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